Después de tomarte una pastilla te tumbaste junto a mí dispuesta a dormirte. Antes de que te abandonaras al sueño, me pediste que no me marchara, que me quedara a tu lado.
Mientras tú cerrabas los ojos para dejar de mirar unas horas el cercano horizonte de tus
abismos,
yo te contemplaba tentado de arrojarme definitivamente al precipicio.
¿Recuerdas aquel camino que una vez
recorrimos juntos,
en los alrededores de las catacumbas, tan despacio,
y cómo retozábamos alegres nuestros cuerpos
entre la hierba y las hojas secas de otoño?
Me han asaltado esas horas felices
de pronto
mientras miraba desde la ventana